Wednesday, July 2, 2008

Respuesta a las crisis: de sarrollo global, por Federico Mayor Zaragoza


La crisis alimentaria es el primer problema a resolver, la mayor amenaza a la estabilidad mundial. Para ello es necesario que la actual economía de guerra y dominio se transforme en otra de desarrollo global. Es inadmisible que se transfieran “al mercado” deberes morales que son de los gobernantes. Para evitar una revolución del hambre, hay que evolucionar a un nuevo sistema planetario.

“Es de necio confundir valor y precio”
. Antonio Machado

De todas las crisis a las que, como era previsible, conduce una “globalización” que ha sustituido la justicia y el buen criterio político por las leyes del mercado, la más grave es la alimentaria. Las crisis económica y medioambiental permiten planteamientos a más largo plazo -aunque en la segunda pueden alcanzarse gravísimas situaciones de irreversibilidad-, pero la alimentación constituye una cuestión básica directamente relacionada con el derecho humano supremo: el derecho a la vida.

Al afectar la supervivencia de mucha gente -casi 1.000 millones de personas no reciben la dieta mínima-, el hambre desemboca en disturbios, en malestar social irreprimible. Los mínimos nutritivos deben garantizarse. Es un desafío común y una amenaza a la estabilidad de las naciones. El cambio se volverá irrefrenable si, a la crisis financiera, se unen las de la alimentación y la del agua, porque son las necesidades básicas las que movilizan no sólo a los ciudadanos que sufren estas carencias directamente sino a los que, en toda la Tierra, sabiendo lo que sucede, reclaman con apremio que la actual economía de guerra y de dominio se transforme aceleradamente en una economía de desarrollo global, con grandes inversiones -que serán también excelente negocio y aumentarán el número de “clientes”- en las infraestructuras apropiadas para producir energía en grandes cantidades y a buen precio; para la producción y transporte de agua potable; para la obtención de alimentos para todos; para transportes y sistemas de calefacción y refrigeración que consuman progresivamente menos carburantes… y para viviendas dignas.

Existe ya el conocimiento. Debemos ser capaces de aplicarlo. Es incuestionable que la gran urgencia actual consiste en hacer posible el disfrute por parte de todos de los frutos del saber. Podemos imaginar islas, incluso artificiales, con fuentes de energía eólica, termomarina, termosolar… produciendo grandes cantidades de energía y agua potable. Los desafíos globales requieren soluciones globales, que implican a su vez cooperación a escala mundial. Debe ahora fomentarse la investigación en la producción incrementada de alimentos con un consumo de agua ajustado y el máximo ahorro en abonos. A este respecto, la transferencia del sistema nitrogenasa, que capta directamente el nitrógeno atmosférico en las leguminosas, a los cereales y al arroz en particular, representaría un paso gigantesco no sólo en relación a la mayor disponibilidad de alimentos sino por la reducción del impacto medioambiental de los fertilizantes.

Pero en lugar de desacelerar el ritmo trepidante de la producción bélica, se le imprime mayor velocidad por necesidades de la economía mundial. A los gastos militares actuales hay que sumar lo que representarán los escudos antimisiles y, a pesar de estar “de salida”, las recientes decisiones de la Administración Bush relativas a la estrategia del Pacífico (Robert Gates acaba de anunciar 15.000 millones de dólares para conferir a la base de Guam las características requeridas) y a “garantizar la seguridad marítima” de todo el contorno suramericano, resucitándose a este efecto por el Pentágono la IV Flota de Estados Unidos.

Hay que dejar de depender, con un plan mundial de emergencia, de las energías fósiles, cuyo precio se ha duplicado en los últimos tres años, y favorecer lo que durante décadas las grandes compañías petroleras han desacreditado y ocultado descaradamente: la contribución que pueden aportar las energías renovables, la nuclear (de fisión y de fusión), el hidrógeno… La producción de biocombustibles debe regularse con gran autoridad para que no incida, de forma tajante, en la disponibilidad de nutrientes. Las prácticas de cultivo deben mejorarse, sobre todo en lo que se refiere al uso de agua, evitando transportes innecesarios y fertilizantes que pueden tener un efecto ecológico negativo, y sobre todo, afrontar de una vez la cuestión de los subsidios y otras formas de protección.

El desarrollo global representaría una solución firme y desplazaría el actual sistema que sigue intentando permanecer desesperadamente a través de parches: inversiones en “nuevas oportunidades” que ofrecen algunos países asiáticos o del Golfo… o en productos alimenticios. Se insiste en el escándalo de los corruptos de los países en desarrollo sin tener en cuenta el de los corruptores. La especulación sobre materias primas, con el petróleo y los alimentos en primer lugar, ha llegado a niveles intolerables. Los países del G-8 renacionalizan lo que habían privatizado (como se ha hecho recientemente con bancos y entidades financieras) al tiempo que presionan para que sus multinacionales en los países pobres no sean objeto de nacionalización ni reducción de las condiciones actuales de explotación.

El sistema económico actual es el que hay que cambiar. Joaquín Estefanía ha advertido que es imposible dificultar al mismo tiempo la entrada libre, sin aranceles, de los productos que exportan los países africanos y de los ciudadanos que huyen de la miseria. Para superar los retos actuales, el tema de la Conferencia Mundial de Revisión del Consenso de Monterrey sobre la financiación para el desarrollo, que tendrá lugar próximamente en Doha, es realmente crucial: aplicar, de una vez por todas, impuestos sobre las transacciones de divisas que, según las palabras del propio secretario general de Naciones Unidas, no afectarían el funcionamiento del mercado.

No creo aventurado calcular que, en 10 o 15 años, con la tecnología de la comunicación más adecuada para la participación no presencial y con un porcentaje de influencia femenino muy superior al actual -calculado en el 5% a nivel mundial-, la genuina democracia se consolidará a todas las escalas y se iniciará una nueva era: la de la ciudadanía. Se habrá producido una gran transición desde vasallos y súbditos a ciudadanos plenos. De una cultura de imposición, violencia y guerra a una cultura de diálogo, conciliación y paz.

Los Estados se habrán asociado a escala regional (Estados Unidos de Norteamérica, Unión Europea, de América del Sur, de África…) y las Naciones Unidas se habrán refundado de tal manera que, dotadas de los medios personales, financieros y técnicos necesarios actúen como “democracia global”, habiendo sustituido a la actual plutocracia en la que, además, los Estados ven mermadas su autoridad nacional e internacional y su capacidad de acción al haber trasladado buena parte del poder real a grandes corporaciones supranacionales. El resultado está a la vista: carentes de instituciones internacionales capaces de regular los distintos aspectos de la gobernación mundial, tiene lugar la concentración progresiva del poder económico, tecnológico y mediático en lo que, junto a la industria bélica, constituye el “gran dominio”. Acabamos de comprobarlo en la Conferencia de la FAO, que ha concluido -como era lamentablemente de esperar- empecinados los países más prósperos en no modificar un ápice un sistema injusto y arbitrario, aferrados a unas pautas que les permitirán seguir explotando, con miope avidez, los recursos naturales sobre los que se ha basado hasta ahora su prosperidad. Pero será por poco tiempo.

Ninguna nación está exenta de responsabilidad: es inadmisible que se transfieran “al mercado” deberes morales y responsabilidades políticas que corresponden a los gobernantes democráticos. La necesidad urgente de unos códigos de conducta mundiales en el marco jurídico-ético de unas Naciones Unidas debidamente reformadas es, por cuanto antecede, una imperiosa exigencia.

El mundo ha cambiado y, por fortuna, ya son muchos los mandatarios y pueblos que han dejado de ser obedientes y sumisos, capaces de ceder a las presiones -las conozco bien- que ejercen los más poderosos. Empresas, medios de comunicación, ONG… se sumarán a un movimiento que, en pocos años, dará la medida del nuevo “poder ciudadano”.

Los diagnósticos ya están hechos. Ahora es necesario aplicar los tratamientos adecuados a tiempo. En momentos de gran aceleración histórica, son más necesarios que nunca los asideros morales. Se avecina una nueva era. Como en 1945.

Amartya Sen, premio Nobel de Economía, ha dicho recientemente que “el Estado, no el mercado, debe ser el responsable del bienestar de los ciudadanos, sobre todo de los países en vías de desarrollo”. Para evitar la revolución del hambre, activar la evolución a un nuevo sistema económico planetario. La diferencia entre revolución y evolución es la r de responsabilidad

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Es posible vencer la pobre za y el hambre, por José Carlos García Fajardo


“Los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte”.

Es posible un desarrollo endógeno, equilibrado, sostenible y global en un mundo todavía dominado por la pobreza extrema y por desigualdades inhumanas.

En el informe “De la pobreza al poder, cómo pueden cambiar el mundo ciudadanos activos y estados eficaces”, presentado por la ONG Oxfam Internacional, se parte de un estudio de lo aprendido en más de cien países en los últimos diez años para una reflexión sobre el futuro del desarrollo.

Duncan Green, coordinador de investigaciones de la ONG, describe un mundo en el que hay recursos para todos, pero muy mal repartidos, hasta el punto de que los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte.

Esta desigualdad inhumana determina que un niño no llegue a cumplir los cinco años de vida dependiendo no sólo del país en el que nace, sino del entorno en el que nace. Porque aún dentro de los países, las desigualdades son enormes y espantosas. La brecha se agranda cada día y condena a más personas a la pobreza, a la enfermedad y a una vida sin la mínima dignidad humana a la que tienen derecho.

Junto a los factores que afloran en los medios de comunicación están el aumento del precio del petróleo y de los alimentos hay que añadir el cambio climático, que provoca una inestabilidad que afecta a los más vulnerables. Pero los medios de comunicación también denuncian que más del 70% del aumento del precio de los carburantes es debido a la más desvergonzada e impune especulación financiera. Este dato no parece conmover a los gobiernos.

El crecimiento económico parece insuficiente para acabar con la pobreza por las enormes desigualdades que todavía persisten. El Informe vuelve a proponer la solución aportada por los movimientos de la sociedad civil que sostienen que otro mundo es posible, porque es necesario. Se trata de una redistribución profunda de poder, bienes y oportunidades con la garantía del acceso de toda la población a la educación, a la sanidad, al agua potable, a una maternidad responsable y a una buena alimentación.

El Informe de Oxfam Internacional subraya la importancia de dos condiciones para salir de la miseria: una ciudadanía activa y unos Estados eficaces. Tesis que refuta la idea de que el desarrollo de los países más pobres sólo depende de lo que hagan los países ricos. Es la aberrante teoría de que los países en vías de desarrollo están en un estadio hacia el desarrollo, cuando, en realidad, el subdesarrollo es un subproducto de un modelo de desarrollo injusto e inhumano.

A todo esto, en “¿Hay futuro en el Capitalismo?”, el sociólogo dominico Frei Betto afirma que la modernidad está en crisis ya que vivimos, no una época de cambios sino un cambio de época. Según datos de la FAO, dice, somos 6.500 millones de personas en el planeta, de las cuales la mitad vive por debajo de la línea de pobreza, y 854 millones sobreviven con hambre crónica. Nada indica que se vayan a cumplir, hasta el 2015, las Metas del Milenio de la ONU, entre las cuales está la erradicación de la miseria.

Hay quien afirma que el problema del hambre es causado por el exceso de bocas y él es partidario de la planificación familiar porque respeta la libertad de la pareja.
Ante la tesis de la carencia de alimentos argumenta que el mundo produce lo suficiente para alimentar 11 mil millones de bocas. Lo que hay es falta de justicia, excesiva concentración de la riqueza en pocas manos y, ahora, etanol para abastecer vehículos en vez de alimentos para alimentar personas.

Pero Frei Betto no puede ignorar que la explosión demográfica es un arma de destrucción masiva, como el hambre. La historia demuestra que, en todos los países en los que las mujeres tienen acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los de los hombres, no existe peligro de explosión demográfica. Al contrario, en los países enriquecidos, industrializados y educados del Norte sociológico, el problema del incremento de sus envejecidas poblaciones ha desatado todas sus alarmas, aunque no se atrevan a reconocer que sólo con una inmigración adecuada podrán hacer frente a esa amenaza. No se atreven a reconocerlo porque viven obsesionados con un individualismo patológico.

De ahí que Frei Betto se pregunte si hay futuro para la humanidad dentro del paradigma capitalista. La respuesta está en la misma pregunta. Porque el nuevo paradigma consistía en caer en la cuenta de que no hay paradigma, pero sí exigencia de una justicia social fundamental para todos los seres.

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Con secuencias del fin de la era del petróleo


En la entrada anterior de este blog hemos visto que la humanidad se encuentra ante uno de los mayores retos de su historia: el fin de la era del petróleo. Pero, ¿qué consecuencias puede traer esto?.

Dos recientes libros escritos desde el ecologismo social, tratan esta cuestión. El crepúsculo de la era trágica del petróleo, escrito por Ramón Fernández Durán, nos dice en su contraportada:


“El fin de la Era del Petróleo está ya en el horizonte. Ese fin no acontecerá cuando se acabe el petróleo, sino bastante antes, cuando se inicie y profundice el declive de su oferta, a partir del llamado pico del petróleo, tal y como alerta este texto.

Pero esta Era del Petróleo que hemos vivido especialmente en el siglo XX, y muy en concreto en su segunda mitad, una etapa de crecimiento económico espectacular que ha beneficiado a una minoría del planeta y que ha incrementado las desigualdades sociales y territoriales como nunca en la historia de la humanidad, ha sido también una era trágica. De ahí el título del libro.

El petróleo ha estado íntimamente relacionado con los principales conflictos bélicos del pasado siglo, y por supuesto está estrechamente ligado con las nuevas guerras del recién iniciado siglo XXI (Irak, Afganistán, Sudán, etc.).

El libro realiza un recorrido histórico por la explotación del petróleo y analiza cómo ésta ha estado relacionada con las grandes dinámicas geopolíticas, cuyas tensiones se han ido concentrando principalmente en torno a Oriente Medio, donde están dos tercios de las reservas mundiales de crudo restantes.

El fuerte alza del precio del crudo desde el inicio del nuevo milenio y la subida espectacular de la cotización del barril en los últimos tiempos son indicadores de que la era del petróleo barato se ha acabado para siempre. Pero el declive energético que supondrá el pico del petróleo conllevará sin lugar a dudas el inicio de la era del decrecimiento.

Un decrecimiento sin fondo y sin fin, que llevará aparejado un derrumbe financiero global, como resalta el texto, sobre todo porque tras el pico del petróleo vendrá el del gas y luego el del carbón.

El fin de la era de los combustibles fósiles muy probablemente implique el colapso del modelo civilizatorio que conocemos, que está chocando ya con los límites ecológicos del planeta. El presente libro apunta las claves para comprender la enorme trascendencia de los nuevos escenarios que se abren, y examina cómo las actuales estructuras de poder se preparan para abordarlos recurriendo a medidas cada vez más autoritarias y belicistas.

Pero también se señalan las oportunidades que se nos abren con todo este marasmo para poder caminar hacia otros mundos posibles.”


Por otro lado está el libro El final de la era del petróleo barato, de Joaquim Sempere y Enric Tello, sobre el que el periódico digital Soitu.es ha publicado un interesante artículo, del que extraemos el siguiente texto:


La crisis del petróleo puede traer consecuencias tan profundas como las que se derivaron de la Revolución Neolítica o la Revolución Industrial, según Enric Tello uno de los autores de ‘El final de la era del petróleo barato’. La incertidumbre que rodea al ‘oro negro’ podría derivar, a largo plazo, en un nuevo modelo de organización social y económica, en la que se daría marcha atrás a algunos de los principios que han gobernado el período de globalización económica.

El sistema económico actual se sustenta, en buena medida, en la deslocalización del sistema productivo, a través del cual, producción y consumo pueden encontrarse muy dispersos en el espacio. Esto ha sido posible merced al precio asequible del petróleo, que se convirtió en el combustible estrella durante prácticamente todo el siglo XX, debido a su buen precio, su alta concentración energética por unidad de volumen, la facilidad de su transporte y la versatilidad de sus usos.

La agricultura moderna también se apuntó a la fiesta de la accesibilidad del petróleo. La agricultura, tal y como se concibe hoy en día, depende del ‘oro negro’ para labrar campos, irrigarlos, fertilizarlos, combatir las plagas y las malas hierbas, para recoger las cosechas y para llevarlas a los mercados.

Se pasaría de una economía desperdigada y deslocalizada hacia un gusto por lo más pequeño, lo menor y lo mejor. Estos serían algunos de los escenarios tras la crisis, según los recoge Ernest García: ciudades pequeñas rodeadas por tierras agrícolas, restablecimiento de las diferencias entre lo urbano y lo rural, desaparición de los grandes centros comerciales, geografías cotidianas susceptibles de ser recorridas a pie, rehabilitación de edificios de dos a cinco pisos, obsolescencia de los rascacielos y de las áreas de aparcamiento (…), la reaparición de la artesanía, fragmentación del Estado-Nación, desaparición de productos y profesiones inútiles (como los repelentes de insectos, los agentes de viajes y el marketing), resurgimiento del ferrocarril, drástica contracción del consumo de masas…”.

Las claves del decrecimiento son, según Gustavo Duch, supeditar el mercado a la sociedad, sustituir la competencia por la cooperación, acomodar la economía a la economía de la naturaleza y del sustento, para poder estar en condiciones de retomar el control de nuestras vidas. La ciudadanía del mundo no pierde nada, pierden las corporaciones.


Del 28 de junio al 3 de julio se celebra en Madrid el Congreso Petrolero Mundial, aglutina desde hace 75 años a la mayoría de los países productores (salvo Irak) y a la totalidad de las empresas del sector. Paralelamente se va a celebrar el Encuentro Social Alternativo al Petróleo. Seguro que vamos a seguir hablando del fin de la era del petróleo. Porque como decía un reciente editorial del periódico The Independent,
la era del petróleo alcanza su desesperado final del juego. El hecho de que muchos de nuestros líderes políticos se agarren a la esperanza de que los productores de petróleo cabalguen al rescate, simplemente confirma lo poco que entienden la nueva realidad.”

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Posted by tomas_f at 16:33:28 | Permalink | No Comments »

Vídeo: El fin de la era del pe tróleo


Estamos asistiendo en todo el mundo a una subida espectacular de los carburantes motivada por el alza del precio del petróleo.
Hay razones que pueden explicar esta subida, demanda creciente, oferta estancada, especulación o baja cotización del dolar, entre otras, pero hay un problema de fondo al que parece que no le prestamos atención suficiente: el petróleo se acaba. La Agencia Internacional de Energía nos acaba de anunciar que en 2011 se producirá menos combustible del que necesitaremos. La oferta no cubrirá la demanda, habrá escasez de energía artificial por primera vez en la historia de este planeta. ¿Somos conscientes de lo que puede significar la escasez de la energía que mueve el mundo?. Este vídeo trata muy bien, en mi opinión, y de manera breve, este grave asunto:


Si no ves bien el vídeo puedes visitar su página de YouTube y pulsar la opción “ver con alta calidad”

Para ampliar información, sugiero visitar el blog El fin del aceite del Imperio, que es la fuente del vídeo, también la web informativa Crisis energética, o el recomendable blog del economista Marc Vidal.


También puedes ver en este blog La otra verdad incómoda: el petróleo se acaba, y Llega la definitiva crisis del petroleo: los poderes ya preparan estrategias de guerra”


¿Qué opinión tienes de esta cuestión?. Como editor del blog me interesan especialmente vuestros comentarios sobre este tema

Posted by tomas_f at 16:32:05 | Permalink | No Comments »

Rai mon Panikkar: “Para ser persona, hace falta ser monje y político”

Raimon Panikkar, pensador; publica ahora su ´Obra completa´ en dieciocho tomos

Entrevista de Lluís Amiguet a Raimon Panikkar para el periódico La Vanguardia (17/06/08)

Tengo 6.000 años: los viví con los hombres que nos precedieron. Nací en Barcelona de hindú y catalana. Soy sacerdote católico, pero no un funcionario del Vaticano. Todo ser humano, y no sólo los profesionales, tiene vocación de monje y político: si no la realiza, está incompleto.

Ahora publico mi Obra completa…

Obra completa: ¿no es un oxímoron?

Lo es. Además, yo sigo todavía vivo…

Doy fe.

He pasado 80 años escribiendo y lo dejo ahí todo como un testimonio…

Sé que más que escribir, reescribe…

Hasta 27 veces reescribí De la mística…

… Y que jamás lee en público.

No hay que preparar el discurso, sino al orador. Yo no preparo los textos para leerlos en público, sino que me preparo a mí mismo en cada momento de mi vida para ser capaz de hablar.

Y sus silencios también se escuchan.

El silencio forja el sentido. Y lo estamos abandonando a cambio de una superficialidad banal e insulsa. Ruido a todas horas en todas partes para no tener que pensar.

No todos podemos ser monjes…

¡Todos estamos llamados a la meditación! ¡Todos la necesitamos! También todos necesitamos la soledad y el silencio tanto como la sociedad y las palabras.

… Ni políticos.

Ese es el grave error de nuestro tiempo: dejar la mística y la política a los profesionales. La vida espiritual y la vida política no son oficios, son dimensiones irrenunciables de cada uno de nosotros.

Que exigen esfuerzo: más cómodo delegarlas y luego quejarse de los delegados.

Todos estamos llamados a realizarnos en ellas. Sólo si somos todos políticos y monjes podremos realizarnos plenamente como personas. Si no, somos incompletos.

Vida completa: ¿otra contradicción?

Sobre lo que usted pregunta, la duración y el fin de la vida, me he inventado una palabrita, tempiternitat, que no es un tiempo ni largo ni corto, sino único…

No podemos decidir la duración, pero sí la intensidad de nuestras vidas.

La intensidad es parte de la singularidad. Somos singulares. Somos únicos… Miserere Domine, apiádate, Señor, porque ego sum pauper,soy pobre…¡Et unicuus! Y único, dice el salmo latino. … ¡Unicuus! Esta singularidad… Perdone… Perdone… Que me emocione…

Es emocionante.

¡Cada uno de nosotros es único!

Si alguien le dice que usted le gusta porque le recuerda a alguien, es que no le ama: cada uno de nosotros es único e irrepetible. Pero esa singularidad sólo podemos vivirla si renunciamos al pasado, que es sólo un recuerdo, y al futuro, que es sólo una ilusión, y vivimos en el presente tempiterno.

Usted ha vivido y ha creído: ha sido sacerdote del Opus Dei en Roma, budista e hinduísta en la India…

La fe no tiene objeto. La fe no tiene complemento.

Y ha vivido ¿cuántos años…?

Seis mil años al menos. Yo no soy individualista: deploro el individualismo egotista que nos impele a encerrarnos en nosotros mismos y nuestras circunstancias; yo he vivido también en esos hombres que vivieron seis mil años antes que nosotros y me siento igualmente responsable de sus vidas…

… ¿Y de sus crímenes?

Sí, también soy responsable de sus crímenes y culpas y sé que puedo lavarlos viviendo rectamente. Vivo cada momento convencido de que la vida es un don único como yo… ¡Qué alegría ser consciente de eso!

¿Usted lo es desde niño?

Mi padre era hindú y mi madre catalana.

Hoy ya no es una mezcla tan exótica.

La inmigración tiene un peligro, el de banalizar su cultura y la nuestra en una amalgama insulsa; de nuevo la superficialidad nos amenaza, pero la mezcla es también una oportunidad de profunda comunión; la de asimilarlos a ellos… ¡Y asimilarnos a ellos!

Sin mezcla, no hay fecundidad.

Por eso necesitamos asimilarlos a ellos y asimilarnos a ellos: ninguna cultura que se encierra en sí misma sobrevive.

¿Sigue siendo usted sacerdote?

Sí, celebro misa. Dependo de la diócesis de Varanasi (Benarés). Soy sacerdote, pero no un funcionario vaticano, aunque en comunión con Roma. Y, en la cadena del saber que formaron mis maestros hasta mí, distingo a Jesús pero no separo a Jesús de Cristo.

¿Y sus alumnos?

Soy alumno: me doctoré en Química y en Filosofía y después seguí siendo alumno con mis alumnos en la Divinity School de Harvard, en la Universidad de California…

¿Por qué volvió de América?

¡Cómo cuidan a sus profesores allí! Trabajé y enseñé y aprendí mucho y bien en América, y me sentí querido y estimulado…

Cincuenta libros: miles de artículos.

Y la palabra: ¡cuántos amigos en cada clase!

Pero volvió.

Hubo un momento en que era feliz allí en el campus, en una casa magnífica, profesor, todo cuanto se pueda desear, unas bibliotecas inacabables y mucho cariño… Pero sentí que mi sitio estaba aquí, Tavertet, entre estos muros y montañas… ¿Escucha qué silencio?

¿Recuerda a algún alumno en especial?

Hoy me han escrito varios alumnos de California. ¡Cuánto cariño en sus palabras!

Regálenos algún pensamiento de los Veda que tradujo del sánscrito (Fragmenta)

La muerte no muere y por lo tanto en la muerte misma está la inmortalidad.

Más allá del sueldo

El silencio de Tavertet - ¡qué verde este año!- no aísla a Panikkar, sino que lo conecta en sus lecturas de siglos con maestros védicos, evangélicos y periodísticos, pues también devora la prensa el maestro en su conexión tempiterna. Vuelvo con un propósito en mi alforja: la política es demasiado importante para dejársela a los políticos. ¡Basta de quejarnos de los políticos y militemos, actuemos y sustituyámoslos! La mística es la otra vocación que no podemos ceder a los conventos: silencio, meditación, relajación… ¡Para todos! Son vocaciones que exigen esfuerzo, pero por eso mismo nos hacen personas frente a la única llamada a la oración que sí nos llega a todos cada día: “¡Haceos ricos!”.

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Europa pi erde los papeles, por José Carlos García Fajardo


La detención de hasta 18 meses que autoriza el texto aprobado por la Eurocámara es desproporcionada en relación con el tiempo necesario para organizar el retorno de un extranjero. La prohibición de regresar a territorio europeo durante cinco años parece estigmatizar a las personas expulsadas como culpables de un delito, y con el riesgo de negarles derechos esenciales.

Los inmigrantes sin papeles que sean detenidos en suelo europeo podrán pasar hasta 18 meses retenidos en centros de internamiento mientras se tramita su expulsión. Podrán ser detenidos con una mera orden administrativa y una vez expulsados no podrán volver a la Unión Europea en cinco años. Los inmigrantes menores de 18 años no acompañados podrán ser repatriados.

Ha sido aplastante el poder de la derecha que hoy gobierna en muchos de los Estados europeos, así como la ductilidad de no pocos socialistas. El texto ha recibido el apoyo del grupo popular europeo y de los liberales. Los socialistas han votado divididos. Los verdes e Izquierda Unitaria han votado en contra.

De haberse aprobado alguna de las enmiendas presentadas por los socialistas, habrían dejado bloqueados 676 millones de euros del Fondo Europeo de Retorno para el periodo 2008-2013. Los Gobiernos quieren ese dinero para financiar parte de sus gastos de repatriación de inmigrantes, por lo que habían presionado a los diputados para que le dieran luz verde. Ahí le duele y constituye el talón de Aquiles de la ‘Europa de los Mercaderes’, en vez de afirmarse la ‘Europa de los ciudadanos’.

Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea y de Michel Rocard, ex primer ministro de Francia y diputado en el Parlamento Europeo hicieron pública su opinión.

Afirmaban que Europa debe respetar los derechos esenciales de los ‘sin papeles’. El fenómeno de las migraciones internacionales y los problemas de la acogida, la integración y el estatuto de los inmigrantes y de los refugiados son asuntos particularmente sensibles y complejos.

“Somos conscientes de la dificultad que conlleva determinar en este terreno una política europea pragmática ante la situación social y económica de los Estados de la Unión, que sea aceptada por las opiniones públicas y que, al mismo tiempo, sea profundamente respetuosa con la dignidad y las libertades fundamentales de quienes intentan alcanzar una vida mejor en Europa”.

Pero no pueden ocultar su inquietud sobre la pertinencia de que el primer proceso de decisión conjunta, de la Comisión y del Parlamento, sobre inmigración sea un proyecto ligado a la represión, antes de que las condiciones de acogimiento y de integración de los extranjeros no comunitarios hayan sido debatidas y determinadas por los Veintisiete. Todo un símbolo, dicen, que no parece de lo más oportuno para nuestros amigos de África, del Magreb o de Oriente Próximo. Y de Latinoamérica, añadimos.

Ambos políticos afirman que la duración de la detención autorizada (18 meses) es desproporcionada en relación con el tiempo realmente necesario para organizar el retorno de un extranjero. La instauración de una prohibición de regresar a territorio europeo durante cinco años parece estigmatizar a las personas expulsadas como culpables de un delito por el que deben ser castigadas, y con el riesgo añadido de negarles el ejercicio futuro de los derechos esenciales, como el derecho de asilo o el de reagrupamiento familiar. Llaman la atención sobre la grave limitación de las garantías previstas para el encarcelamiento o la expulsión de personas vulnerables (menores de edad, enfermos).

Las condiciones de privación de libertad y de expulsión de las personas afectadas exigen que sea apreciado y evaluado con la máxima atención el necesario equilibrio entre las medidas represivas y las que garantizan una real protección de los derechos fundamentales de estas personas. Este equilibrio tiene que ser imperativamente preservado.

En el fondo se trata de ser coherentes con la idea que tenemos sobre cómo debe respetar Europa la dignidad de las personas. O somos países de acogida, con medidas humanitarias y justas, o seremos responsables por no corresponder al bien que esos países hicieron a los ciudadanos emigrados de Europa durante siglos.

Cierto que deben de existir normas sobre la inmigración, el trabajo posible y adecuado, la sanidad, la educación de sus hijos y las pensiones a los mayores. Pero también tendremos que revisar nuestra política con sus materias primas y la mano de obra que, ya en sus países, proporcionan a nuestras economías y acabar con las subvenciones injustificables a nuestros productos agrícolas y las trabas a la importación de los productos de los países de esos inmigrantes. En no pocos casos, las metrópolis europeas les impusieron los monocultivos, el trabajo a destajo, el incumplimiento de la cláusula social a sus trabajadores y tantas servidumbres por las que les debemos la reparación justa y el trato de iguales en dignidad y en derechos políticos y sociales.

Como escribía el profesor Sami Naïr: Europa se blinda ante los inmigrantes. La directiva europea sobre inmigración ilegal y las propuestas francesas sobre integración de extranjeros son muy inquietantes. Una vez más, se legisla desde la exageración de los datos y la mentalidad represiva.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias

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¿Tienes mi edo al clima?, por Joan na Macy


Si realmente estás prestando atención, es difícil escapar de un sentimiento de indignación, miedo, desesperación. La escritora Joanna Macy, profunda ecologista e intelectual budista, nos dice: Ni siquiera lo intentes. ¡Pero no te quedes atascado!

¿Cómo vivimos con el hecho de que estamos destruyendo nuestro mundo? ¿Qué hacemos con la pérdida de los glaciares, el derretimiento del Ártico, las naciones insulares inundadas por el mar, los desiertos en expansión y la creciente aridez de las tierras de cultivo?

Debido a tabúes sociales, la desesperación por el estado de nuestro mundo y el temor por nuestro futuro se reconocen pocas veces. La represión de la desesperación, al igual que cualquier profunda respuesta recurrente, contribuye al embotamiento de la psiquis. Las expresiones de angustia o desesperación son acalladas, atenuadas como si un nervio hubiese sido cortado. Este rechazo a sentir empobrece nuestra vida emocional y sensorial. Las flores son más sombrías y menos perfumadas, nuestros amores son menos eufóricos. Creamos pasatiempos para nosotros mismos como individuos y como naciones, en las luchas que escogemos, los objetivos que perseguimos y las cosas que compramos.

De todos los peligros que enfrentamos, desde el caos climático hasta la guerra permanente, ninguno es tan grande como el entumecimiento de nuestra respuesta. Porque el embotamiento anímico bloquea nuestra capacidad para procesar y responder a la información. La energía gastada en doblegar nuestra desesperación es desviada de usos más cruciales, agotando la resistencia y la imaginación necesarias para lograr visiones y estrategias frescas.

Le preguntaron al poeta Zen Thich Nhat Hanh, “¿Qué es lo que más necesitamos hacer para salvar nuestro mundo?” Su respuesta fue ésta: “Lo que más necesitamos hacer es oír dentro de nosotros los sonidos de la Tierra llorando.”

Rompiendo el cascarón

¿Cómo podemos enfrentar lo que apenas nos atrevemos a pensar? ¿Como enfrentamos nuestro dolor, miedo e ira sin desmoronarnos?

Es bueno darse cuenta de que desmoronarse no es algo tan malo. De hecho, es tan esencial para la transformación como el resquebrajamiento de los cascarones ya crecidos. Las ansiedades y las dudas pueden ser saludables y creativas, no sólo para una persona, sino para la sociedad, porque permiten nuevos y originales enfoques a la realidad.

Lo que se desintegra en los períodos de rápida transformación no es el ser, sino sus defensas y suposiciones. La auto-protección limita la visión y el movimiento como un traje blindado, haciendo más difícil adaptarse. El desmoronarnos, aunque incómodo, puede abrirnos a nuevas percepciones, nuevos datos y nuevas respuestas.

“Al decir la verdad de nuestra angustia por el mundo, se caen los muros entre nosotros, atrayéndonos hacia una solidaridad profunda. Esa solidaridad es incluso más real por la incertidumbre que enfrentamos.”

En nuestra cultura, la desesperación es temida y resistida porque representa una pérdida de control. Estamos avergonzados de ella y la esquivamos, exigiendo soluciones instantáneas a los problemas. Nosotros buscamos la solución rápida. Este hábito cultural opaca nuestras percepciones y fomenta una peligrosa inocencia del mundo real.

Reconocer la desesperación, por otro lado, no involucra nada más misterioso que el decir la verdad acerca de lo que vemos, sabemos y sentimos que le está sucediendo a nuestro mundo. Cuando los medios de comunicación corporativos mantienen al público en la oscuridad, y los detentores del poder manipulan los acontecimientos para crear un clima de miedo y obediencia, el decir la verdad es como el oxigeno. Nos vigoriza y nos devuelve la salud y el aliento.

Perteneciendo a toda la vida

Compartir lo que está en nuestra mente trae un cambio favorable en la identidad, ya que reconocemos que la ira, el dolor y el temor que sentimos por nuestro mundo no se reducen a las preocupaciones de nuestro bienestar individual o incluso de nuestra supervivencia. Nuestras preocupaciones son mucho más grandes que nuestras propias necesidades y deseos privados. El dolor por el mundo—el ultraje y la angustia—nos abre a un sentido más amplio de lo que somos. Es una puerta a la realización de nuestra mutua pertenencia en la red de la vida.

Muchos de nosotros tememos que la confrontación con la desesperación nos traerá soledad y aislamiento. Por el contrario, al dejar ir las viejas defensas, encontramos una comunidad más verdadera. Y en comunidad, aprendemos a confiar en nuestras respuestas internas hacia nuestro mundo—y a encontrar nuestro poder.

¡No estás solo! Somos parte de un vasto movimiento global: la transición de la época desde el imperio a la comunidad de la Tierra. Éste es el Gran Cambio. Y el entusiasmo, la alarma, incluso el agobio que sentimos, son todos parte de nuestro despertar a esta aventura colectiva.

Como en toda verdadera aventura, hay riesgo e incertidumbre. Nuestra economía corporativa está destruyéndose tanto a sí misma como al mundo natural. Su efecto sobre los sistemas vivientes es lo que David Korten llama el Gran Desenredo. Está pasando al mismo tiempo que el Gran Cambio y no podemos saber en cuál rumbo terminará la historia.

Abandonemos la idea de que podemos manejar nuestro planeta para nuestra comodidad y fines de lucro—o incluso que de ahora podamos ser sus últimos redentores. Es un engaño. Aceptemos, en su lugar, la incertidumbre radical de nuestro tiempo, incluso la incertidumbre de la supervivencia.

En sociedades antiguas, los adolescentes atraviesan ritos de pasaje, donde enfrentarse a su propia mortalidad es una puerta a la madurez. En forma parecida, el cambio climático nos llama a reconocer nuestra propia mortalidad como especie. Con el don de la incertidumbre, podemos crecer y aceptar los derechos y la responsabilidad de la adultez planetaria. Entonces sabemos completamente que pertenecemos, inexorablemente, a la red de la vida, y podemos servirla y dejar que su fortaleza corra a través nuestro.

La incertidumbre, una vez aceptada, arroja una luz brillante sobre el poder de la intención. La intención es en lo que puedes contar: no el resultado, sino la motivación que traes, la visión que sostienes, la dirección de la brújula que decides seguir. Nuestra intención y resolución pueden salvarnos de perdernos en el dolor.

Durante una reciente visita a Kentucky, me enteré de lo que está ocurriendo en el paisaje y la cultura de los Apalaches: de cómo las empresas de carbón utilizan dinamita para pulverizar todo lo que esté arriba de las vetas de carbón; de cómo las excavadoras de 20 pisos de alto empujan las “sobrecargas” de los bosques y el humus, llenando los valles. Vi cómo los activistas allí se mantienen constantes por la intención pura. Aunque la nación parece inconsciente de esta tragedia, estos hombres y mujeres persisten en la visión de que los Apalaches pueden, en parte, ser salvadas y que las futuras generaciones puedan conocer las laderas de dulce goma, sasafrás, magnolias, los atisbos del gato montés y del mapache, y en las depresiones, la música de los arroyos frescos. Parecen saber—y cuando nos permitimos bajar la guardia, también nosotros sabemos—que somos partes vivientes del cuerpo viviente de la Tierra.

Este es el don del Gran Cambio. Cuando abrimos nuestros ojos a lo que está pasando, incluso cuando nos rompe el corazón, podemos descubrir nuestro verdadero tamaño; porque nuestro corazón, cuando se abre ampliamente, puede contener todo el universo. Descubrimos que al decir la verdad de nuestra angustia por el mundo se caen los muros entre nosotros, atrayéndonos hacia una solidaridad profunda. Esa solidaridad, con nuestros vecinos y con todo lo que vive, es incluso más real por la incertidumbre que enfrentamos.

Cuando dejamos de distraernos a nosotros mismos intentando adivinar las posibilidades de éxito o fracaso, nuestras mentes y corazones se liberan en el momento presente. Entonces este momento se torna vivo, cargado de posibilidades, y nos damos cuenta la suerte que tenemos por estar vivos ahora, para participar en esta aventura planetaria.

Posted by tomas_f at 16:27:59 | Permalink | No Comments »

G8: SOS Cambio Climá tico


El progreso en la lucha contra el cambio climático está en juego en la cumbre del G8. Los países ricos tienen que comprometerse a reducir sus emisiones contaminantes. La comunidad científica advierte que estas reducciones son fundamentales para conservar la vida en nuestro planeta. Los ojos del Mundo miran al G8 y esperan que Japón ejerza un liderazgo responsable y asegure que los demás países ricos pongan de su parte.

El Miércoles, 18 de Junio entregaremos nuestra petición al Primer Ministro Japonés Yasuo Fukuda. Es nuestra oportunidad de pedirle políticas valientes para enfrentar el cambio climático. ¡No hay ni un minuto que perder – firma la petición en este enlace hoy mismo y pásala!

Petición al Primer Ministro Fukuda y al G8

El Mundo no tiene tiempo que perder en la lucha contra el cambio climático y les rogamos muestren voluntad política y liderazgo. Deben comprometerse a implementar objetivos vinculantes para los gases de invernadero para el 2020—lo que los científicos advierten es necesario para prevenir una catástrofe climática. Los países desarrollados deben ayudar a los países en desarrollo a adaptarse y prepararse para un futuro de energía sostenible. Todos los países deben poner de su parte para reducir sus emisiones contaminantes a tiempo para salvar a nuestro planeta.

Posted by tomas_f at 16:27:04 | Permalink | No Comments »

Vídeo: La Rabia, de Keny Ar kana

Vivimos unos tiempos en los que la sociedad capitalista se desmorona y puede arrastrar con ella al mundo entero. Las crisis se suceden, crisis alimentaria, crisis energética, crisis ambiental…, los primeros que pagan, como siempre, son los últimos eslabones de la cadena. Hay una juventud que se rebela, y usa la música como medio de expresión. Esta joven rapera francesa grita en esta canción la rabia de los que no nos conformamos, de los que seguimos teniendo esperanza en un mundo mejor.



De la letra de la canción (subtítulos en español):


Porque tenemos la rabia permaneceremos de pie, pase lo que pase.
La rabia, de llegar hasta el final y de allí dónde quiera bien llevarnos la vida.
Porque tenemos la rabia no podremos más callarnos ni sentarnos,
en adelante estaremos listos porque tenemos la rabia, el corazón y la fe.
Porque tenemos la rabia nada podrá ya detenernos, insumiso, sabio, marginal, humanista o rebelde.

Anticapitalista, altermundialista, o tú que buscas la verdad sobre este mundo.
La resistencia de mañana, inch allah (si dios quiere),
la víspera de una revolución mundial y espiritual.
La rabia del pueblo, la rabia del pueblo.
Porque tenemos la rabia, la que hará temblar tus normas.
Porque tenemos la rabia, la rabia se tomó el populacho,
y la rabia es enorme.

Posted by tomas_f at 16:23:24 | Permalink | No Comments »

Cambio Mundial. Por un Salto Cuán tico en los Asuntos Humanos, por Ervin Laszlo


Si Hamlet viviera hoy, diría con más convicción que nunca: ser o no ser, esa es la cuestión. Pero ahora no se haría esta pregunta cavilando frente a una calavera humana sino ante la Tierra viviente. ¿Podremos optar por “ser” en este planeta o nos extinguiremos como los dinosaurios? Nos aproximamos a una gran línea divisoria, un punto crítico global. Nuestra supervivencia está en jaque.

Estamos destruyendo el planeta. La producción de los recursos esenciales biológicos y físicos ya llegó a su tope. Bosques, especies de peces y arrecifes de corales están sufriendo daños y desapareciendo, las tierras se están empobreciendo por excesivas cosechas y por el uso de químicos y la biodiversidad está disminuyendo debido a la manipulación genética. Las reservas de agua fresca están disminuyendo, más de la mitad de la población mundial afronta problemas de escasez de agua y el cambio climático amenaza con hacer que mucha parte del planeta sea menos habitable y menos apta para la producción de alimentos.

Estamos destruyendo el tejido social. Hay una creciente inseguridad tanto en países ricos como en países pobres y una mayor propensión a recurrir al terrorismo y a la guerra. El fundamentalismo islámico se está propagando en el Medio Oriente, el fanatismo religioso está creciendo en América, Neonazis y otros movimientos extremistas se están difundiendo en Europa. La brecha se está ampliando entre los ricos y poderosos y los pobres y marginados. El ochenta por ciento del producto doméstico del mundo pertenece a mil millones de personas, y el restante veinte por ciento es compartido por cinco mil y quinientos millones de personas. Uno de cada tres moradores urbanos vive en barrios marginados, gettos urbanos y tugurios. Más de 900 millones están clasificados como habitantes de cinturones de miseria.

Si seguimos así, el cambio de los patrones climáticos creará sequías y huracanes, pérdidas de cosechas y elevación de los niveles del mar. El hambre y la frustración fomentarán el terrorismo y desatarán guerras. El delicado balance de nuestra interdependencia global se romperá. Ninguna nación ni población escapará al resultante colapso global.

Ser o no ser, esa es la cuestión. Si optamos por “ser” en este planeta, debemos cambiar. ¿Cambiaremos? ¿Y lo haremos a tiempo?

POR QUÉ debemos cambiar?

Para cambiar a tiempo debemos reconocer la naturaleza de nuestra situación actual, las raíces de su insustentabilidad. La palabra “insustentabilidad” se generalizó apenas en los últimos quince años, pero la idea no es nueva. Ya a finales del siglo XVIII Thomas Malthus publicó su famoso tratado sobre alimentación y población. Proclamó, primero, que el alimento es necesario para la existencia humana y, segundo, que las personas continuarán reproduciéndose como siempre lo han hecho. “El poder de la población”, escribió Malthus, “es indefinidamente mayor que el poder de la tierra para producir el sustento para el hombre”. Inevitablemente, llegará el tiempo en que el crecimiento de la población sobrepasará la capacidad de la tierra para producir alimentos. Habrá más gente de la que el planeta está en capacidad de alimentar.

La “catástrofe malthusiana” es una versión simplificada del punto crítico al que ahora nos estamos acercando. Lo que hoy está en cuestionamiento no es solamente la producción de alimentos, sino toda la base de la vida en el planeta. Y la tendencia crítica no es simplemente el crecimiento de la población –cuánta gente camina sobre la Tierra– sino, primero y más importante, cuánto consume cada persona y qué hace cada una por el medio ambiente.

Hemos consumido más recursos físicos y biológicos del planeta en seis décadas, desde la Segunda Guerra Mundial, que en toda la historia anterior. Y producimos más desechos de los que la naturaleza puede absorber y extraemos más recursos de los que la naturaleza puede regenerar.

Esto no es sostenible. Con respecto a la alimentación, por ejemplo, sabemos qué cantidad es sostenible: lo que produzcan 68 m2 (4.2 acres) de tierra por cada persona. Pero la “huella ecológica” promedio es hoy de 113 m2 (7 acres) (y podría ser mucho más si los países más pobres no tuvieran una pequeña huella ecológica no sostenible). La alimentación es, por supuesto, apenas uno de los recursos básicos que necesitamos para vivir y desarrollarnos, la mayoría de los cuales estamos sobreutilizando y agotando.

¿Qué ocurrirá cuando alcancemos los límites de los recursos disponibles? Cuando las bacterias en el laboratorio se quedan sin las sustancias que les sirven de alimento, mueren. Cuando los ratones se acercan al límite de suministro de alimentos, se vuelven infértiles. Los lemmings (roedores de ciertos países nórdicos) se suicidan masivamente. Pero cuando una especie con un alto nivel de consciencia, como la humana, alcanza los límites de sus recursos, no tiene que morir, suicidarse o volverse infértil. Puede efectuar un cambio en su consciencia. Con un cambio de consciencia sería capaz de ver el mundo en forma diferente y tener diferentes valores y prioridades. Podría aprender a vivir en forma sustentable.

CÓMO podemos cambiar?

Gandhi dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. En el mundo de hoy esto significa efectuar un cambio en tu consciencia, para que otros cambien la suya. ¿Y cómo puedes hacerlo? Ante todo, liberándote de tu antigua consciencia y de los valores y creencias que le sirven de soporte.

Pregúntate a ti mismo: crees que….

* ¿Cada persona es independiente de los demás y tiene pleno derecho para buscar sus propios intereses?
* ¿La vida es una batalla por la existencia y solamente sobreviven los más aptos (es decir, los más ricos o los más poderosos)?
* ¿En la despiadada competencia por estar entre los más aptos, el fin justifica los medios?
* ¿Mientras más dinero tengas, mejor eres (y más probabilidades tendrás de ser más feliz)?
* ¿La gente debe lealtad únicamente a su país y a una compañía, en tanto que el resto son extraños y competidores?
* ¿Si queremos paz, debemos prepararnos para la guerra?
* ¿La tecnología y la eficiencia son la respuesta, sea cual sea la pregunta o cuestión?
* ¿La Tierra es, para toda intención y propósito, una fuente inagotable de recursos y un infinito depósito para los desechos?
* ¿El medio ambiente se puede diseñar y adecuar como un establecimiento o una autopista para que se adapte a nuestras necesidades y demandas?

Si tienes ese tipo de creencias, eres parte del problema. ¿Pero cómo puedes convertirte en parte de la solución? El siguiente paso por dar es: adopta una nueva forma de pensar. Como dijo Einstein, no puedes resolver un problema con la misma clase de pensamiento que lo produjo.

El nuevo pensamiento no es utópico ni carece de precedentes: ya está surgiendo en el sector creador de la sociedad. En diversas “culturas alternativas” la gente piensa y actúa en una forma más positiva. Estas personas comparten dos creencias fundamentales. Una es que el dicho antiguo “todos somos uno” no es simplemente una ficción sino que tiene sus raíces en la realidad. William James tenía razón: “Somos comos islas en el mar, separadas en la superficie pero conectadas en lo profundo”.

La segunda creencia concierne a la esfera de la responsabilidad humana. Si estamos unificados unos con otros y con la naturaleza, nuestras responsabilidades no terminan en nosotros mismos, en nuestra familia, nación y empresa. Incluyen a la comunidad humana y a la biosfera. Vivir de acuerdo con esa responsabilidad no es un asunto de caridad. Si somos parte de la humanidad y la humanidad es parte de la vida en el planeta, lo que hacemos a los otros y a la naturaleza nos lo hacemos también a nosotros mismos.

Cuando desechamos creencias obsoletas y adoptamos un nuevo pensamiento, cambiamos nuestra consciencia y cambiamos nosotros mismos. En estos momentos críticos e inestables, ese cambio puede ser “el aleteo de la mariposa” que desencadena una tormenta. Ese cambio se puede propagar y difundir en la distancia, y finalmente podría cambiar el mundo.

CUÁNDO efectuar el cambio?

Cuando dices: “¡Esa es la última gota!” estás expresando un principio fundamental aunque generalmente desconocido, el de la “no linealidad”. Si colocas carga en el lomo de un camello, puedes adicionarle más y más carga y el camello se adaptará y se las arreglará para sostenerla. Hasta el momento en que el peso alcance el límite de la capacidad de carga del animal. Luego, como dice la expresión, una simple paja adicional le romperá el lomo. El proceso secuencial previo, suave, “lineal”, se convierte de un momento a otro en un abrupto “no lineal”.

Esto mismo sucede con todo en la naturaleza. Una especie viviente puede afrontar los cambios en su medio ambiente, pero sólo hasta un punto. Cuando esos cambios se acumulan, la tensión alcanza un punto crítico y las especies desaparecen. A menos, por supuesto, que experimenten una mutación. En los sistemas relativamente simples, los puntos críticos llevan al colapso. En sistemas más complejos, estos puntos críticos son puntos de crisis: pueden conducir en una dirección o en otra. No conducen inevitablemente al colapso, sino que también pueden conducir a un gran avance.

En 1989 un grupo de refugiados de Alemania Oriental recibió autorización para cruzar la cortina de hierro e ir a Austria. Este fue un pequeño pero crítico shock que rebasó la copa del sistema: fue “la última gota”. En cuestión de semanas los estados europeos del Este dominados por el comunismo se separaron de la Unión Soviética y en menos de un año la Unión Soviética dejó de existir. El Partido Comnista Soviético, el partido político más poderoso del mundo, no simplemente perdió poder, sino que fue desechado. Los Estados que conformaban la Unión Soviética no desaparecieron: luego de un período de caos y de estar al borde del colapso, se las arreglaron para transformarse en sociedades más abiertas.

En los últimos diez mil años, muchas sociedades, civilizaciones enteras, alcanzaron puntos críticos. Las que alguna vez fueran culturas florecientes se desvanecieron, como podemos ver en los babilonios, sumerios, mayas y civilizaciones de oceanía. Pero otras afrontaron el desafío: se transformaron y sobrevivieron. La historia da testimonio de que las transformaciones fueron a menudo profundas.

Las tribus de la Edad de Piedra vivieron en un mundo mitológico: se comunicaban con los árboles, los animales y los espíritus de sus predecesores. Las gente se veía a sí misma como parte de un cosmos viviente misterioso pero significativo. Hace diez mil años ese mundo se transformó en las culturas teocráticas del Antiguo Egipto, Babilonia, China e India. Aquí las inmutables leyes de los Dioses del Cielo gobernaban la existencia humana. Como afirmó Hermes Trimegistro: “Como es arriba es abajo”. Luego, hace dos mil quinientos años, en las orillas del norte del Mar Mediterráneo surgió otra cultura, la cual empezó a gobernarse a sí misma mediante el empleo de la razón humana y no por creencias heredadas. Esta fue la cultura de la Grecia clásica.

Al despuntar la era moderna, la Civilización Occidental trajo otra mutación cultural. La nueva cultura combinaba elementos de sus predecesores, aunque fue moldeada ante todo por la creencia en el poder de la razón que habían liderado los griegos. Respaldada por las teorías y observaciones de Galileo, Newton y Copérnico, desarrolló una visión materialista y mecanicista del mundo. Esto permitió que la “Física Clásica” de Newton se conjugara con la pericia manual tradicional, derivándose de ello toda una serie de tecnologías revolucionarias.

Hoy, sin embargo, en nuestra era global de la información, la comunicación, la interdependencia y la degradación ambiental, la visión mecanicista y materialista se ha vuelto obsoleta y contraproducente. Su visión del mundo ha sido trascendida por las ciencias, pero las tecnologías que genera y los comportamientos que inspira aún están con nosotros. Muchos de ellos explotan excesivamente el medio ambiente y manipulan a la gente en forma desproporcionada. Producen más calor que luz, más efectos laterales que beneficios.

La civilización que domina el mundo contemporáneo ya no es sostenible: si no quiere colapsar, debe transformarse. La búsqueda de un salto cuántico en los asuntos humanos es la búsqueda para crear una civilización que haga posible que seis mil y medio millones de personas vivan con dignidad, en armonía entre ellas y con la naturaleza. Este Cambio Mundial es posible. Tenemos la comprensión, las tecnologías y los recursos humanos y financieros que necesitamos. Lo que nos falta es voluntad y visión. Para lograr esta confluencia debemos vivir un cambio de consciencia. Con una conciencia más acorde con nuestra realidad actual podemos cambiar nuestros valores y prioridades: cambiar nosotros mismos y en última instancia cambiar el planeta.

Se requiere un Cambio Mundial y el tiempo se agota. Las tendencias y procesos que conducen al mundo contemporáneo hacia un punto crítico se están acelerando. La atmósfera se está calentando, la diversidad está desapareciendo, la brecha entre ricos y pobres se está ampliando, la violencia y el malestar están creciendo y la producción de muchos de los recursos necesarios para la vida y el desarrollo ya ha llegado a su tope.

Las predicciones sobre el punto crítico se han acortado: antes se pensaba en términos del resto de este siglo; luego, en función de la primera mitad del siglo; ahora, en términos de la próxima década.

Es posible que el punto crítico global se alcance a finales del año 2012, fecha profetizada como la línea divisoria de la capacidad de la humanidad para ocupar el planeta. Esto ciertamente ocurrirá en el transcurso de la vida de la mayoría de nosotros. Venga cuando venga, debemos empezar a actuar ahora, para asegurarnos de que no sea el preludio de un colapso sino la ruptura que nos conduzca hacia un mundo más pacífico y sostenible.

Ervin Laszlo, virtuoso de la música, en su juventud fue pianista de renombre internacional. Luego se dedicó a la Ciencia, obteniendo primero un doctorado en Filosofía en la Sorbona. Ha sido pionero mundial en la compleja Teoría de los Sistemas. Fundador del Club de Budapest, Director del Consejo de Sabiduría Mundial (World Wisdom Council) y Rector de GLOBALSHIFT University . Es autor de más de 400 escritos y artículos y de decenas de libros, entre ellos Tú puedes cambiar el mundo (Manual para el Ciudadano Global, Ediciones Nowtilus), Science and the Akashic Field (La Ciencia y el Campo Akásico – 2007) y Quantum Shift in the Global Brain (Cambio cuántico en el cerebro global – 2008, de próxima publicación en español por Editorial Kairós).

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